14N: reaprendiendo a movilizarse contestatariamente

NOTA DEL ADMINISTRADOR: Este artículo fue escrito el Jueves 8, pero por diversos motivos no fue posible publicarlo a tiempo. 

Finalmente y tras no pocas vacilaciones y presiones desde la base, las direcciones sindicales han convocado una nueva huelga general el 14 de noviembre. Se trata de una movilización más que necesaria, para la que hay motivos y condiciones, aunque hubiese sido mejor convocarla antes, porque desde la del 29 de marzo, en poco más de siete meses, los ataques del gobierno y la patronal han seguido su escalada: recortes en el desempleo; repago de medicamentos; drástica reducción para servicios públicos y sociales; reducción de salarios en el sector público; aumento del IVA; amnistía fiscal a la medida de la patronal defraudadora… Estas medidas atentan contra las condiciones de trabajo y de vida de la mayoría, mientras tratan de blindar los privilegios de una minoría explotadora y ociosa, la oligarquía industrial y bancaria, que sigue declarando beneficios y apropiándose del fruto de nuestro trabajo, amparándose en la Unión Europea para tratar de perpetuar sus privilegios.

La clase dominante se encuentra en una huida hacia adelante y trata de remontar su crisis manteniendo sus intereses clasistas y desarrollando una violenta guerra contra la clase obrera, con el paquete de medidas ya conocidas, a la vez que refuerza las estructuras represivas para blindarse de las protestas crecientes de las trabajadoras/es.

La huelga es el camino justo porque pone de manifiesto la inmensa fuerza de los trabajadores cuando actuamos con unidad; sin nosotros no se mueve ni un engranaje del sistema y, en definitiva, la patronal nos necesita para conseguir sus beneficios, no al revés; esta es nuestra gran ventaja

Se puede y se debe vivir sin explotadores, pero es imposible un mundo sin trabajadores y trabajadoras.

La crisis económica se intensifica y, más allá de las tristes evoluciones de la prima de riesgo y la macroeconomía, continúa golpeando con especial dureza a las familias que no pueden pagar el alquiler o la hipoteca, ahogadas por el desempleo y la consiguiente falta de ingresos.

Desde que estalló la crisis, se han producido cientos de miles desahucios y otros muchos están en tramitación; la media de los últimos meses es de 512 diarios.

El capitalismo fracasa todos los días, pues es incapaz de garantizar lo más elemental a cada vez más personas. Pretender una salida a la crisis con absurdos llamamientos a un “capitalismo con rostro humano” es evadir la raíz del problema y renunciar a confrontar con la explotación del ser humano.

Sería de suponer un mayor grado de contestación, pero tantos años de desmovilización tienen sus consecuencias:

Baja conciencia, ausencia de vanguardia y bajo nivel organizativo. A lo sumo, movimientos limitados como el 15M , dados sus promotores, aun reconociendo la buena voluntad de muchos de sus participantes.

Aparición de ideas utópicas de salvación que buscan la salida dentro del mismo sistema que ha creado la crisis. Es normal, después de tanto tiempo de esa basura ideológica que se ha denominado “pensamiento único”.

– Apuntar preferentemente contra los políticos. Culpar a lo que llaman la “clase política”1 del desastre es una forma de salvar el sistema, pues si el problema fueran unos cuantos políticos corruptos, sería suficiente con cambiarlos. Pero la experiencia demuestra que no es así, que los políticos son meros ejecutores de las decisiones del poder real. Es cierto que el problema principal no es el coche oficial, sino que quien va dentro es un servidor del capital.

Buscar ejemplos de lo que se debería hacer, dentro del capitalismo, en países todavía no afectados tan brutalmente por la crisis (Alemania, Holanda, Finlandia, etc.), como si la actuación de esos países no tuviera nada que ver con lo que pasa en muchos otros.

Pensar que la policía es parte del pueblo. Nada más falso, puesto que es el brazo represor de la oligarquía. ‘Los maderos no son obreros’.

En esta situación se manifiesta el doble juego de ciertos medios de comunicación, como “El País”, que pretenden aparecer como críticos con el gobierno mientras, en realidad, justifican su política. También la incoherencia de quienes critican el capitalismo pero defienden sus instituciones, como la UE. Una verdadera maraña ideológica, pero también un momento interesante, en el que la lucha de los mineros del carbón ha marcado un antes y un después con su ejemplo.

Los efectos de la crisis y la política del gobierno afectan a sectores que hasta ahora se creían invulnerables; el proceso de proletarización es imparable. Esto socava el concepto de “clase media” y la aversión a la huelga y la movilización de muchos de los trabajadores que hasta ahora no tenían conciencia de serlo y se encuentran, de pronto, en la oficina del paro, incapaces de entender por qué pasa lo que pasa.

Última hora: el paro oficialmente reconocido ha aumentado en octubre en más de 128.000 demandantes de empleo. No obstante, el Ministerio de Trabajo se felicita porque el año pasado fueron unos pocos más en el mismo mes. Unos cuantos “éxitos” como este y acabamos todas y todos en la cola del INEM y en el comedor de la Cruz Roja.

1El concepto de “clase política” es un error teórico, pues los políticos no forman una clase social. La inmensa mayoría son servidores de la clase dominante, pero ni siquiera pertenecen mayoritariamente a ésta.

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